| 26 de mayo: Día del Libro
La
importancia de la lectura en nuestra vida

Hay que reconocer que la irrupción de los medios de comunicación, basados en la palabra
y en la imagen -la radio, la T.V.- significan un cambio profundo en la situación de la
lectura en el mundo entero. La lectura ha perdido el privilegio de ser el medio cultural
preponderante y casi exclusivo de información y de difusión cultural. Pero, sin embargo,
sigue siendo la única forma de cultura de la que nos enorgullecemos. Es así que si
preguntamos a cualquier persona si es importante leer, recibiremos siempre contestaciones
afirmativas, aun de aquellas que nunca han abierto un libro. Todos tenemos conciencia de
que leer es una actividad propia del mundo culto y a ese mundo queremos pertenecer. El ser
capaz de comentar un libro, un folleto, un artículo, produce, en general, placer.
Sin embargo, nadie hace alarde de cuántas horas de
televisión ve; al contrario, cuando en círculos sociales se hace referencia a programas
de T.V., en general, el comentario es que se dedica muy poco tiempo a ella, lo que, en la
mayoría de los casos, no es cierto.
Pero, de todas formas, la lectura conserva una función
importantísima en lo que se relaciona con la cultura y, esencialmente, con el lenguaje.
Cada material de lectura que llega a nuestras manos, por
más malo que sea, tiene algo de positivo y deja una enseñanza. Se aprende una palabra
nueva, se ubica algo en el mundo, o, por lo menos, se lo juzga, con lo que se establece
una diferencia entre lo bueno y lo malo.
Por otra parte, las personas que no leen tienen una
visión mucho más limitada del universo ya que solo podrán acceder a los cuentos orales,
a lo que ven, a lo que oyen , pero no a ese campo ilimitado que la lectura ofrece. Las que
leen son capaces de recibir conocimientos, vivencias, informaciones elaborados por otras
personas, de zonas lejanas o cercanas, a las que, posiblemente, nunca verán.
El papel de la escuela como estimuladora del hábito
lector es fundamental; también, el de la familia.
Las horas dedicadas en los programas escolares a la
lectura deberían ser muchas y la selección del material muy cuidadosa. Hay edades para
todo; no se puede pretender que adolescentes, que no están aún formados culturalmente,
sientan placer al leer los clásicos. Apenas un 3%, eso dicen las estadísticas al
respecto, son capaces de comprenderlos y de sentir el gusto por la lectura. Para los
demás, el trabajo resulta contraproducente: lo que no se entiende, lo que supera
nuestras posibilidades de comprensión, se rechaza.
De la selección que el maestro haga en cuanto a
materiales de lectura, de la importancia y el tiempo que los padres dediquen a los
cuentos, a los relatos, dependerá, en gran parte, el conseguir adultos lectores.
La lectura tiene claras
ventajas sobre otros medios de comunicación:
1) Es la forma más
efectiva y más provechosa de aprendizaje del lenguaje.
A
través de lo que otros escriben grabamos, a veces inconscientemente, modismos, giros
idiomáticos. El lenguaje, como materia teórica, es tan inabarcable que el contacto con
él será la más valiosa forma de aprendizaje.
El vocabulario se enriquece, nuevas palabras pasan a
integrar el nuestro.
La finalidad de la lectura es gozar, sentir placer. Por lo
tanto, no siempre es aconsejable interrumpirla para averiguar el significado de una
palabra en el diccionario. Seguramente, el contexto ayudará a deducirlo y esa
interrupción para la búsqueda rompe, en cierto modo, lo mágico de la situación.
La ortografía mejora. La memoria visual, que es su gran
fijadora, actúa en todo momento. Permite asimilar una gran información verbal ya que el
ojo graba alrededor de 300 palabras por minuto.
A partir del segundo año de escuela, la mayoría del
vocabulario que se aprende proviene de la lectura.
2) Estimula la
imaginación.
Los
otros medios de comunicación presentan todo resuelto. Nada queda para crear. Sabemos
cómo son las personas, los lugares, las voces.
García Márquez se negó durante mucho tiempo a que sus
libros fueran llevados al cine porque le parecía que era una forma de dejar fijos para
siempre a sus personajes, ya que, mientras que pertenezcan únicamente al mundo de la
lectura, cada lector creará el suyo a su antojo.
3) Fomenta la libertad.
El
lector elige el momento, el lugar, la luz, y sobre todo, el material que le parece
adecuado a sus gustos y a sus necesidades. Leerá un libro de acción, una novela, un
artículo periodístico en el momento en el que se sienta inclinado a hacerlo.
En cambio, la radio y la TV, ricas en programación,
ofrecen lo que los directivos eligen, en horarios y días preseleccionados.
Por otra parte, el ritmo que se elige para leer es el que
conviene a las posibilidades de comprensión de cada uno. Si el tema es complicado, existe
la posibilidad de releerlo hasta entenderlo; si resulta cautivante, también puede
releerse para gozarlo más.
La interrupción que el lector hace del texto depende pura
y exclusivamente de su voluntad.
La radio y la T.V. cortan, con tandas comerciales, su
programación. La concentración se pierde y resulta, a veces, difícil volver a lograrla.
Se escucha decir que los jóvenes no leen porque la
lectura les da un gran trabajo de comprensión. Pero, si preguntamos a un adolescente
cuál es la trama de una serial de T.V. tendrá también grandes dificultades de
interpretación porque el ritmo es rápido, cambiante y, muchas veces, no puede seguirlo y
no tiene medios como para verlo otra vez. Sin embargo, la imagen y el color lo atrapan
más que las páginas de un libro.
4) Permite
la organización de la información.
El
lector selecciona el tema, el material al que quiere acceder, el que está de acuerdo con
sus posibilidades de comprensión y con sus intereses. Recurrirá a lo que necesita, para
ampliar conocimientos, para sentir placer. Será él quien seleccione la noticia que en
ese momento le interese.
El material, por otra parte, está a su disposición: en
su casa, en una biblioteca y puede recurrir a él cuando lo crea necesario.
5) Da la profundidad en
cuanto a personajes y sucesos.
Ninguna novela, ningún libro pueden llevarse al cine tal cual han sido escritos. Se
necesita recortarlos, achicarlos; se pierde, por consiguiente, mucho de su esencia.
¿Quién no se ha sentido desilusionado después de ver en cine
o en T.V. una novela que ha leído? ¡Cuántas cosas se perdieron, qué diferentes fueron
las situaciones a las imaginadas, qué distintos los físicos y hasta los caracteres de
los personajes!
Y esto es inevitable, aunque hay técnicos que se ocupan
de las adaptaciones. La riqueza de la lectura es inadaptable.
6) A ella se puede
recurrir cuantas veces sea necesario o porque algo no se comprendió o por el
simple gusto de releer.
Leer
no es una virtud con la cual nacemos, sino que se va aprendiendo y perfeccionando de a
poco, ya que solo el 36% del aprendizaje general puede ser atribuido a la escuela. Lo
demás, corresponde a la comunidad y a la familia.
¿Por
qué conmemoramos en Uruguay el Día del Libro el 26 de mayo?
El 4 de agosto
de 1815, Dámaso Antonio Larrañaga presenta, al Cabildo de Montevideo, un proyecto
para la creación de una biblioteca pública. Ofrece para ella todos sus libros "dos
grandes estantes", reservándose solo unos pocos para sí de uso diario, y anuncia
que varios de sus amigos donarán sus libros para la biblioteca también.
El Cabildo apoya este proyecto y se lo comunica a José Artigas
que se encuentra en Purificación. Artigas responde apoyando fervientemente el proyecto.
La Biblioteca Nacional fue inaugurada el 26 de mayo de
1816. Funcionaba en un salón del Fuerte, la Casa de Gobierno de entonces, en la Plaza
Zabala.
Comenzó con aproximadamente 5000 libros, producto de diversas donaciones.
Por resolución de Artigas, el 30 de mayo de 1816, los centinelas
del ejército oriental usaron como santo y seña: "Sean los orientales tan
ilustrados como valientes", como adhesión a la flamante Biblioteca Nacional.
En homenaje a la inauguración de la primera Biblioteca Pública
de Montevideo, el 26 de mayo se conmemora, en nuestro país, el DÍA DEL LIBRO. |
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