Para quién se habla

El lenguaje es una poderosa herramienta para la comunicación La
mejor, si se usa en forma adecuada. Pero, lamentablemente, esto no
sucede.
En
general, los usuarios del idioma creen saber todo lo que a él se
refiere y, en la mayoría de los casos, se lanzan a escribir y a
hablar sin tener las más mínimas nociones de lo que es correcto o
incorrecto.
Un sector del Uruguay se desespera ante estas
actitudes e intenta, de un modo u otro, mejorar el asunto.
Siempre
que se habla o que se escribe se hace para otro. En eso consiste la
comunicación.
Cuando
el lenguaje es oral, el hablante tiene presente al destinatario.
Puede
adaptarse a él y manejar el idioma y sus actitudes para lograr
resultados satisfactorios.
1) El oyente es reservado, tímido, introvertido.
El hablante deberá lograr su confianza. Lo conducirá, sin
apremio, a los resultados que quiere obtener. No lo someterá a
preguntas, que tengan que ser respondidas públicamente. Buscará las
respuestas por medio de apoyos, que él suministre. Seguirá el método
de presentar la contestación comenzada y lograr que el oyente la
termine.
2) El
oyente es autoritario, imperativo, seguro de sí mismo.
El hablante deberá preguntarle
directamente. Elogiar sus respuestas (cuando son acertadas), pero
dejar sentado que no son las únicas ni las perfectas. Abrirá un
espectro de posibilidades y le dará intervención en las críticas y
sugerencias.
Dejará
sentado que es él quien conduce la conversación y que agradece los
aportes que se hagan.
3)
El oyente es indiferente, desatento.
El hablante deberá
hablarle con un lenguaje sencillo, salpicar su elocución con
anécdotas cortas y graciosas, que capten su interés. Hacerlo decidir
entre diversas opciones y elogiar sus posibles intervenciones.
Ser
contundente en sus afirmaciones. Pedirle una opinión negativa o
positiva al respecto.
4)
El oyente es gracioso, alegre.
El hablante deberá festejar sus intervenciones. Compararlas, si es
posible, con hechos similares. Pero, marcará los frenos, de manera
tal que la elocución no se vuelva desordenada.
5)
El oyente es lento para comprender.
El hablante deberá pausar su discurso. Interrrogará una y otra vez
si se entendió lo que ha dicho. No se molestará con las preguntas,
que pueden ser reiterativas. Al contrario, explicará de forma
diferente y se asegurará de que todo haya quedado claro.
6)
El oyente es superficial, poco profundo.
El hablante intentará, por todos los
medios, captar su interés. Empezará por tratar temas fáciles y, de
a poco, a medida que comprueba que va atrapando a su receptor,
complicará los problemas
No son, por supuesto, los únicos tipos de
oyentes que hay. Pero sí los más comunes.
Si
el hablante tiene presente que el conocimiento de sus escuchas resulta
un arma muy poderosa para el éxito de su conversación, intentará
saber lo más posible acerca de él.
No
es tan difícil En cuanto una conversación se inicia, los
interlocutores emiten señales que tienen que ver con su forma de ser.
Hay que estar atentos a ellas, interpretarlas y adaptarse.
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Interés".

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