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Saber decir...
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     El  lenguaje oral tiene muchas más recursos que el escrito. Los tonos, los gestos, las posturas corporales ayudan a transmitir las ideas. La comunicación, por otra parte, se establece con interrupciones. El oyente puede preguntar lo que no entiende, puede comentar, puede agregar sus opiniones.
     Por todas estas razones, lamentablemente, nadie lo cuida demasiado. Al contrario, no existen personas que digan que no saben hablar, a pesar de que las hay que confiesan que no saben escribir.
     Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. Existe también riesgo en el hablar. Las palabras son traicioneras y, en ciertas ocasiones, uno se encuentra con que dijo algo que no debió haber callado.
     En varios casos, no es lo que se dice, sino cómo se dicen determinados conceptos, determinadas afirmaciones.
     Hay que “saber decir”.
     El hablante tiene que pensar antes de hablar; tener en cuenta las posibles consecuencias que pueden desatar sus palabras.
Debe:

Saber escuchar
     Frecuentemente, se produce en él una “sordera” Se enamora de sus dichos y es incapaz de escuchar lo que los demás “pretenden decir”. Eso  hace que siga su línea de pensamiento y que no permita que esta se desvíe.      Sin embargo, de las palabras de su interlocutor, de su tono, podrá extraer determinadas  conclusiones, que servirán para asentar su intervención.
     Escuchar parece una actividad silenciosa,  pero es sumamente activa. Exige de quien la practica un dominio de sus impulsos ( para no interrumpir) y un dominio de su mente(para interesarse por lo que le están diciendo).
     Nadie “sabrá decir” si no tiene en cuenta los pensamientos, los conceptos de la persona a quien se dirige.

Saber esperar
     Para que una conversación pueda llevarse a cabo con éxito, se necesita paciencia. No siempre puede ser uno quien tenga la palabra. Hay que esperar turno. Y el esperar no se limita solo a eso, sino que hay que activar la mente para que vaya procesando lo que está escuchando.
     

Ser sensible a los sentimientos de los otros
     No todas las personas reaccionan de la misma manera. Ante una misma situación, hay quienes se inclinan por la discusión, quienes lo hacen por las preguntas, quienes prefieren el silencio.
     Si quien habla tiene en cuenta las diferentes reacciones, se adaptará a ellas y tomará las precauciones necesarias. Logrará, entonces, una comunicación más efectiva.
     En general, el hablante sabe  a quien destina su mensaje. El interlocutor puede estar presente, puede estar ausente(los medios de comunicación ayudan a esto) Pero sea una u otra la forma,  el hablante sabe qué se espera de él.

Saber manejar los tonos
     Las palabras expresan ideas. Pero, dependerá del tono cómo se digan para que expresen conceptos negativos o positivos. El hablante debe tener conciencia de ello. Tendrá que saber cuándo la forma en que se expresa, el tono que utiliza puede herir o, al contrario, gratificar a alguien.

Ser oportuno
     No todas las circunstancias son propicias para tratar determinado tema. Hay que calibrar el momento, la receptividad del escucha, su posibilidad para recibir determinados comentarios, determinadas noticias.
     Una buena noticia, dada en un mal momento, no se goza.
     Una mala noticia, dada en un mal momento, puede acarrear resultados inesperados.
     En cierta forma, el receptor envía ciertas señales al hablante. A él le toca interpretarlas.

Saber disculparse
    
No es fácil hacerlo, pero sí, necesario. En algunos  casos, se puede herir -y mucho- a quien está escuchando.
     Hay que ser capaz de captar que se ha provocado una situación incómoda, capaz también de revertirla. Las disculpas son siempre bien recibidas.

Saber elegir las palabras
     Seleccionar los vocablos adecuados para expresar lo que se quiere decir  es tarea complicada. Los mismos términos pueden trasmitir ideas diferentes. Habrá que ver cómo ordenarlos.

     Nada de esto es sencillo. Cuando nos convertimos en hablantes, nos volvemos dueños de la situación. Olvidamos que, siempre, hay otro u otros implicados y que les debemos todo el respeto.

Contamos con la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos, preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder.

 

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