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La democracia y el lenguaje
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     El término democracia proviene del griego. Está formado por el prefijo “demos”, que significa “pueblo” y “gracia”, gobierno. Es una doctrina política partidaria de la intervención del pueblo en el gobierno.
     Día a día escuchamos el término: en boca de los locutores, de informativistas, de políticos…
     Aunque parezca mentira, el ejercicio de la democracia, depende, en gran parte del lenguaje.
    
Los ciudadanos que no entienden la letra de las leyes, de los escritos, de los formularios a los que se enfrentan están imposibilitados de ejercer sus derechos, porque, en realidad, no comprenden cuáles son.
     El Uruguay se ha mantenido -y se mantiene- completamente indiferente a ese aspecto de la comunicación.
     Ni las autoridades de la Educación, ni los integrantes del gobierno, ni los dirigentes de las grandes empresas ponen su mira en el lenguaje.
    
En los países desarrollados, especialmente en los de habla inglesa, se apunta a conseguir lo que se llama “lenguaje llano”. Se prepara a todas aquellas personas que se ven enfrentadas con el idioma, que trabajan con él, a hacerlo con un estilo claro, sencillo, conciso.
    
Por supuesto, no es fácil lograrlo. Técnicos enseñan a escribir correctamente.
     Durante años, se nos ha inculcado la idea de que depende de cuánto se escriba no de cómo se escriba. Y, en realidad, nadie nos ha enseñado a escribir. Nos han enseñado, sí, a dibujar y a unir palabras. Pero, salvo raras excepciones, los que somos adultos aprendimos a los tropezones, por la lectura, por la imitación del lenguaje de los demás, por un intento de progreso.
    
Entonces, para muchas personas llenar su lenguaje de palabras largas y complicadas es demostrar que se sabe escribir o hablar. Entreveran el mensaje que, se supone, quieren trasmitir. No utilizan el lenguaje llano.
     Los medios de comunicación -trasmisores absolutos del idioma- lo utilizan incorrectamente. Lo hacen quienes conducen los programas y lo hacen, también, quienes son entrevistados.
     Y si lo que se escucha mal, se dice mal; sobre todo, si las palabras salen de boca de personas a las que se respeta. Y, en este grupo están entre otros, los gobernantes, los políticos, los dirigentes sindicales… Entre las muchas obligaciones que tienen deben tener presente una más: tendrán que hablar y, posiblemente, escribir, para un público muy dispar en conocimientos, en nivel cultural. Y tendrán que hacerlo bien, en forma sencilla, clara. Tendrán que aprender, como se aprende todo en la vida, a utilizar un lenguaje llano.
     Es posible que muchos piensen que impactan a sus oyentes con ese palabrerío confuso. Tal vez lo hagan. Pero resulta lamentable utilizar esos métodos para convencer.
     Cuando el lenguaje es escrito, el asunto se vuelve aún más peligroso.
     Y aquí nos enfrentamos con la prensa. La memoria visual, que es un de las grandes fijadoras del lenguaje, graba, con nitidez la letra escrita. Hay muchos artículos incomprensibles, que no se valen del lenguaje llano.
     Por otra parte, se publican cartas de los lectores en las que ellos intentan hacer uso de los derechos que la democracia les brinda. “Intentan” porque, en la mayoría de los casos, no se comprende qué quieren comunicar.
     Una de las características sobresalientes del lenguaje llano es la brevedad. Da, sí, mucho más trabajo redactar en pocas palabras determinadas ideas. Pero, seguramente, el resultado, será mucho mejor si uno se deja llevar por el flujo desordenado de conceptos que la mente nos brinda. Las autoridades de los diarios deberían seleccionar qué cartas de lectores publican, deberían establecer un máximo de extensión y un mínimo de corrección.
     Las empresas públicas redactan sus cuestionarios, sus formularios de forma tan poco clara, que gran parte de la población no puede resolverlos.
     No utilizan el lenguaje llano porque no saben cómo se puede recurrir a él.

Contamos con la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos, preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder.

 

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