¡Hay que corregir!

A través del lenguaje nos
comunicamos con los demás. Para que esa relación sea
efectiva, debemos comprendernos. La comprensión se logrará si usamos
con corrección el idioma, tanto oral como escrito.
Es cierto que aprendemos a hablar, hablando, que lo hacemos por
imitación. Pero depende de a quién imitemos para que logremos un
buen o un mal producto.
En cuanto a la lengua escrita, el problema aún es más
complejo. Necesitamos que nos la enseñen; no alcanza con la imitación.
Hay, actualmente, un cierto desprecio hacia el hecho de
corregir. Desprecio injustificado, porque corregir no es solo marcar
errores, es formar personas.
Necesitamos
que nos corrijan.
La enseñanza curricular debe tener eso presente. Los padres,
que tanto se quejan de lo mal que hablan y escriben sus hijos, tienen
que cooperar.
Ni los chicos, ni los mayores, aprenden sin que otro u otros
les marquen el camino adecuado.
¿Qué niño sabrá expresarse bien, si no se le indican los métodos
para hacerlo? ¿Cómo sabrá que lo que habla o lo que redacta tiene
errores idiomáticos, si nadie se los marca y le indica la forma
correcta?
La escuela forma futuros adultos, que se enfrentarán a miles
de problemas en los que el buen uso del lenguaje será imprescindible.
Un texto mal redactado, un error de ortografía, una exposición
oral incomprensible podrán causar un daño enorme a
una persona.
La sociedad
juzga con severidad el lenguaje. Ya lo hemos dicho. Y, si bien
este se aprende y se perfecciona durante toda la vida, la época más
fructífera es la niñez y la adolescencia.
¿Cuándo aprenderán
los chicos a expresarse con corrección? ¿Cuando ya sea demasiado
tarde y hayan perdido alguna oportunidad (laboral, estudiantil…) por
no saber hacer uso de él?
¿Qué
finalidad persigue la corrección?
El niño toma conciencia de los errores que cometió y aprende
cuáles son los resortes para no volver a hacerlos.
Seguramente, esto no se logra con una sola corrección. Los
docentes sabemos que las equivocaciones se cometen más de una vez. Lo
que se debe tener en cuenta es que, también, se corrigen más de una
vez.
Llega un momento, puede que tarde, que el nuevo conocimiento
queda fijado.
Corregir no es ofender,
no es destratar. Es enseñar.
Existen variadas técnicas de corrección. El docente
actualizado no utiliza siempre el mismo método. Probará y descartará
aquellas cuyos resultados sean nulos. Descubrir qué interesa y cómo
se puede fijar el conocimiento, sin aburrir al alumno.
El niño no se siente ofendido si en su trabajo el maestro le
señala, con claridad, sus errores. Es más, espera que lo haga porque
siente que él tiene la autoridad suficiente para ser su corrector.
Pero, si desde sus primeros años escolares, el docente pasa
por alto sus errores lingüísticos, se acostumbrará a esto. Entonces
sí, se sentirá molesto cuando alguien cambie la táctica y lo
corrija.
Importa mucho que el alumno reciba una opinión de su maestro
acerca de su texto: ¿es correcto o incorrecto?, ¿se comprende o no?,
¿tiene errores ortográficos?,¿las ideas son originales?¿están
bien trasmitidas?
¿Qué
siente el corrector cuando pone en práctica su tarea?
La mayoría de las veces, el corregir resulta para el docente
una tarea pesada, le quita tiempo, lo aburre, no le encuentra una
finalidad importante.
Está equivocado.
Si le quita tiempo, los
resultados que obtendrá bien valdrán las horas, que él cree,
perdidas.
Por otra parte, la corrección es parte de su tarea. Y, para
que sea efectiva, tendrá que ser rápida, no diferida, clara,
sencilla y, por supuesto, no hiriente.
Cada vez que realiza una tarea, el niño espera saber enseguida
cómo la hizo.
La demora en la entrega del trabajo corregido le quieta el
interés. Ya no sabe qué es lo que realizó ni le importa saber si
fue correcto o no.
Si le resulta una tarea pesada, es porque no tiene en cuenta qué
relación se establece entre él y su alumno. Este reconoce la
superioridad de los conocimientos de su maestro y por eso lo respeta.
No lo hará feliz sentir que no tiene quien lo guíe en la difícil
tarea de manejar correctamente el lenguaje.
Si no le encuentra una finalidad importante, basta citar, entre
otras, estas:
a)
Logrará que el niño sea conciente de sus equivocaciones.
b)
Le señalará cómo hacer para mejorar su trabajo.
c) Le
hará tomar conciencia de que tanto escribir como hablar
no son tareas fáciles.
d) Despertará en él el deseo de expresarse mejor.
e)
Le mostrará que no solo para
los chicos, sino también para
los adultos el lenguaje es un arma que hay que manejar con
precisión.
Seguramente, los tiempos actuales no ayudan a los docentes a
dedicar horas a la corrección.
Pero, es un aspecto esencial de su trabajo. Como
formadores de futuros hombres y mujeres tienen que tener presente que
el lenguaje no se aprende solo por imitación.
Estamos de acuerdo en que enseñarlo
es una ardua tarea, cuyos resultados no siempre se ven.
Sin embargo, resulta imprescindible hacerlo y recordar que, ni
siquiera los adultos, son capaces de grabar un nuevo conocimiento si
alguien o algo no se los enseña. Y que, si cometen errores en
cualquier aspecto de la vida, solo los corregirán con la ayuda de los
demás.
Contamos con
la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos,
preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema
o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder. |
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