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El lenguaje administrativo
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     Todos, de una forma u otra, nos enfrentamos frecuentemente al lenguaje administrativo. A veces, necesitamos utilizarlo para nuestra profesión o trabajo; a veces, nos vemos obligados a entenderlo como simples usuarios del lenguaje. Y, es entonces cuando nos encontramos frente a un verdadero trabajo de traducción. Tenemos que "traducir" nuestro propio idioma para lograr comprender qué se nos comunica, qué se nos pide.
     Entre 1960 y 1970, surgió en Estados Unidos un movimiento llamado "Movimiento del Estilo Llano". Sus iniciadores fueron las sociedades de Defensa del Consumidor que sostienen que, para que los miembros de una sociedad sean buenos ciudadanos, deben comprender cuáles son sus derechos y cuáles, sus obligaciones. Si los textos que llegan a sus manos están escritos en un lenguaje rebuscado, poco claro, la comunicación no se produce. ¿Cómo se puede contestar adecuadamente un cuestionario, si no se entiende lo que se pregunta?¿Cómo es posible cumplir una ley cuya redacción es confusa?
     Simplificar los documentos públicos, reformularlos, si es necesario, ha sido la consigna desde entonces.
     Tal vez, éste sea el camino que tenemos que recorrer. Quien redacta un documento, un escrito, un formulario tendrá  presente que, a  través de él lo que se busca es la comunicación, la comprensión.Ésta sólo se logrará si el lenguaje es comprensible.
     Desde hace años, determinados documentos siguen una forma de redacción especial, utilizan giros y expresiones de lenguaje pasados de moda, entendibles apenas para un grupo reducido de personas.Pero no se modifican, porque los adultos tememos  ser juzgados por los otros adultos, en lo que al idioma se refiere.
     ¿Quién es capaz de cambiar, por ejemplo, la estructura de un informe?¿Quién modifica y simplifica un formulario?¿Quién redacta una ley con un lenguaje diferente  al que hasta ahora se utilizó para hacerlo?
     Nadie. Aunque critiquemos más de una vez el escrito que llega a nuestras manos, proponer una modificación en su estructura, nos cuesta demasiado.
     Sin embargo, el lenguaje no es algo estático, sino cambiante y muchas de las fórmulas que en otros tiempos se aceptaban, ahora no se toleran.
     Redactar un texto destinado a gente desconocida, de la que nada se sabe, causa trabajo. Por otra parte, como casi todo lo que al idioma se refiere, pocas  personas de las que manejan lenguaje administrativo  han recibido instrucción al respecto. La mayoría se limita a copiar las estructuras hechas por otros, trasmitidas de generación en generación que, en muchos casos, son  confusas.
     Bastaría con que todo aquél que redactara lenguaje administrativo tuviera presente que, lo que se busca a través de éste, es la comprensión.
     Hay algunas pautas  en cuanto al uso de este tipo de lenguaje que, si bien no aseguran el éxito absoluto, cooperan para lograrlo. Muchas de ellas no son exclusivas de él, pero tenerlas presentes, siempre importa.

1) La brevedad y la concisión
     Cuando se redacta un texto administrativo, no se busca la belleza del lenguaje, se persigue su utilidad. Por lo tanto, ser concisos, decir exactamente lo que se quiere, es fundamental.Los preámbulos largos y complicados distraen al lector y le impiden una comprensión cabal del asunto.
     En los cuestionarios, tan frecuentes en la administración, las preguntas deberían ser planteadas directamente, sin explicaciones anteriores que, en la mayoría de los casos dispersan la atención del asunto fundamental.

2) La extensión de las oraciones.
     Cuanto más cortas sean éstas, mayores serán las posibilidades de entendimiento. Es difícil que se sienta atracción hacia un texto administrativo. Lo más probable es que , por uno u otro motivo, nos sintamos obligados a  hacerlo o  a leerlo. Esto se hará menos complicado, menos tedioso si nos enfrentamos a frases cortas.

3) La selección del vocabulario
     Si bien siempre que se usa el lenguaje,seleccionar el adecuado es primordial, en el caso del lenguaje administrativo el tema se vuelve complicado. Se manejan determinados términos, determinadas expresiones que sólo valen para quien las domina, no para el destinatario común.Y él es el que se debe tener presente. No importa cuál sea el grado de instrucción de quien lea el escrito; si la selección de vocabulario hecha por el redactor es la adecuada, lo comprenderá.
     Éste es uno de los aspectos más díficiles de controlar. Pocos redactores de textos administrativos tienen en cuenta a sus lectores.Pero, cuando ellos les toca representar ese papel, se quejan de las dificultades que se les presentan.
     Adecuarse a los destinatarios es una técnica que hay que dominar. Para lograrlo, convendría recordar que el lenguaje administrativo no busca el lucimiento de quien lo usa. Y, que, si alguien puede destacarse por hacerlo adecuadamente es aquél que logra que su texto sea comprendido. Lo que se puede entender la primera vez que se lee es lo que está bien escrito.
     Si el texto no es comprendido, si se necesita releerlo para intentar llegar a su esencia, la culpa es de quien lo escribe.
     Las palabras corrientes, que, en general, también son cortas, son compartidas por un gran número de usuarios del lenguaje. Recurrir a ellas simplifica la comprensión del texto.

4) El interés del lector
     Salvo casos excepcionales, los escritos administrativos no  despiertan interés. Entonces, ya que despertarlo es imposible, importa, sobre todo,simplificarle la tarea al lector. Si se recibe una carta que solicita el pago de una deuda, sólo se querrá saber, por ejemplo, qué monto tiene y de qué plazos se cuenta para saldarla. A eso tiene que apuntar el escrito. 

Contamos con la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos, preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
Si usted está interesado en alguno de ellos, escríbanos a lenguaje@todo.com.uy e indíquenos sobre qué tema o temas quiere saber más. Le diremos cómo proceder.

 

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