Cuando las palabras sobran
Elegir las palabras adecuadas para expresar nuestras ideas y
lograr que el lector las interprete tal cual deseamos es tarea complicada. Frecuentemente,
la primera selección no nos conforma y debemos modificar el texto, una y otra vez, hasta
lograr lo más cercano a lo deseado. Porque, y tenemos que tenerlo bien claro, todo lo
escrito podrá ser perfeccionado mútiples veces; basta que seamos capaces de corregir
sin lástima aquello que creemos nuestra obra.
En cuanto a los términos y a las expresiones escogidos, podemos
caer en un error de lenguaje que se conoce, corrientemente, como redundancia.
En general, tenemos claro que "redundante" significa
ser "reiterativo, repetitivo". En relación al idioma, el concepto es el mismo: la
redundancia es un defecto que consiste en usar palabras o expresiones que expresan
conceptos ya vertidos en el texto. No agregan nada al sentido de la oración; la
alargan innecesariamente y, en consecuencia, hacen más difícil la comprensión.
Pero, en algunos casos, la repetición cumple una función
específica: enfatizar, vigorizar, destacar algún elemento. Entonces, ya no se considera
un vicio de lenguaje, sino un elemento que sirve para adornarlo. En este caso, no se
produce redundancia, sino pleonasmo. Esta palabra técnica proviene de un término
griego que significa "súper-abundancia", "exageración".
Si en un caso es un vicio de lenguaje y en otro, una figura de
adorno, ¿cómo procedemos para establecer los límites entre lo equivocado y lo correcto?
Simplemente, teniendo conciencia de que las dos situaciones se
pueden dar. De la sensibilidad de cada escritor dependerá en gran parte el manejo
adecuado de este problema.
De todas formas, y como colaboración para sensibilizar al
respecto, nos parece interesante proporcionar algunos ejemplos de redundancia y de
pleonasmo. Se establecerán así las diferencias entre ambos y resultará más fácil no
caer en equivocaciones.
Como siempre sostenemos que los conceptos deben asimilarse de a
poco, dedicaremos este artículo sólo a la redundancia.
Redundancia
Se
pagarán esas cuentas a partir del día viernes.
En "viernes"
ya está implícito el concepto de día. Nada se agrega con esta palabra que,
solamente, alarga la oración.
Cada día tiene un nombre específico que lo identifica; de nada
sirve reiterar que se trata de un "día".
Forma correcta sugerida:
Se pagarán las cuentas el viernes.
Hace
dos años atrás compró ese auto.
El verbo
"hacer" en su forma impersonal (cuando se conjuga solo en tercera persona
del singular) indica tiempo transcurrido. El concepto de pasado ya está en él; el
término "atrás" es completamente inútil.
Forma correcta sugerida:
Hace dos años compró el auto.
Nos
indignó su actitud porque no la previmos de antemano.
"Prever"
significa "ver con anticipación"; es un compuesto del verbo
"ver" al que se le ha agregado el prefijo "pre" que indica
anterioridad. "Antemano" expresa el mismo concepto. Una
de las dos palabras está de más.
Forma correcta sugerida:
Nos indignó su actitud porque
no la previmos.
Tiene
dos hijas mujeres y un hijo varón.
Tanto
"hijas" como "hijo" son vocablos que expresan claramente
el sexo. Por consiguiente, las palabras "mujeres" y "varón" no
cumplen ninguna función.
Forma correcta sugerida:
Tiene dos hijas y un hijo.
Lo
hicimos con la mejor buena voluntad.
"Mejor"
es el superlativo de "bueno"; significa el "más bueno".
Ninguna idea agrega "buena" ya que el concepto
que ella expresa está contenido en "mejor".
Forma correcta sugerida:
Lo hicimos con la mejor
voluntad.
Sus obras póstumas fueron publicadas después
de su muerte.
"Póstumo"
"Póstumo" es todo aquello que sale a luz después
del fallecimiento del autor. No es necesaria la aclaración "después de su muerte"
ya que nada "póstumo" podrá ser anterior al fallecimiento.
Forma correcta sugerida:
Sus obras póstumas fueron
publicadas.
No hemos
hecho más que ejemplificar para tratar de aclarar el concepto de redundancia. En el
lenguaje corriente son muchos los casos que se presentan. Algunos llegan a invadir la
lengua culta y aparecen en el lenguaje de buenos escritores. Cuando esto sucede, La Real
Academia Española opta, después de un largo proceso, por darlos por correctos.
La expresión "lapso de tiempo"
fue considerada durante años como redundante. "Lapso", según el
diccionario" significa "período de tiempo". No vale la pena agregar junto
a él "de tiempo".
Sin embargo, a partir de su diccionario de 1992, La Academia
Española acepta como correcto "lapso de tiempo".
Contamos con
la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos,
preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
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