El resumen, una necesidad
Todos, de
una forma u otra, nos enfrentamos a la necesidad de hacer un resumen: para estudiar, para
recordar lo fundamental de un texto, para comunicar brevemente la esencia de un escrito.
Resumir es complicado; significa reducir,
condensar un texto, de manera tal que sus ideas fundamentales se conserven.
Distintas finalidades puede perseguir el resumen:
Enganchar a un posible lector, que
puede decidir la lectura total del texto.
Proporcionar información sobre un material
extenso, de forma que no se necesite leerlo.
Servir como guía, como apoyo,
para la recreación de algo que ya fue leído y comprendido.
Proporcionar información concisa
del abundante material escrito que se publica diariamente.
La
técnica del subrayado, que destaca las ideas fundamentales de un texto, resulta
efectiva, pero no fácil. En muchos casos, discernir con claridad qué ideas importan y
cuáles no, cuesta mucho trabajo.
Para subrayar, se necesita haber leído y comprendido
el texto, lo que podrá lograrse después de una segunda o tercera lectura. Intentar
seleccionar la esencia de un escrito en una primera lectura es tarea perdida.
Cuando los párrafos están indicados, la búsqueda de ideas
principales se ve facilitada porque el campo de trabajo del lector se limita.
Cada
escritor puede tener un método diferente para lograr un resumen certero, pero todos
deberán estar atentos a algunos parámetros:
Leer el texto más de una vez
y asegurarse de que fue comprendido. Es imposible intentar condensar algo que no se
entendió.
Utilizar la lengua informativa, que es aquella en que el
escritor transcribe desnudamente los hechos, no aporta sus opiniones al respecto. La
belleza literaria no caracteriza al resumen.
Eliminar los detalles, salvo los
que sean imprescindibles para la comprensión. Las palabras que aportan cualidades, que
adornan el lenguaje, son los adjetivos y adverbios. La gran mayoría de ellos
desaparecerá.
Eliminar los posibles diálogos.
Se utiliza el estilo indirecto, no el directo.
Eliminar la primera persona. Por
más que el texto original la utilice, el que realiza el resumen es otro ser, y, por lo
tanto, no son sus experiencias las que se condensan.
Eliminar las situaciones repetidas.
En algunas ocasiones, el escritor reitera determinadas situaciones, para aclararlas, para
hacer hincapié en ellas. Tienen que desaparecer en el resumen.
Elegir un tiempo verbal y mantenerse fiel a
él. Se puede resumir un texto utilizando el presente, el pasado o el futuro,
pero hay que respetar el tiempo seleccionado.
No agregar informaciones. Por más
que nuestros conocimientos superen los expuestos en el texto, de ninguna manera
aparecerán en el resumen. La información que vale es la que aporta el escrito.
Lograr que las oraciones tengan sentido,
unidad y correcta relación.
Utilizar un vocabulario sencillo,
claro, con palabras corrientes. No siempre se deben usar las del escritor.
No ceñirse, necesariamente, al orden que el
texto original tiene. Se puede ir, por ejemplo, de lo más interesante a lo menos
interesante.
Como todo
lo que tiene que ver con la escritura, no basta con saber cómo hacerlo sino que hay que
hacerlo. Cuantos más resúmenes hagamos, más exitosos serán.
Contamos con
la posibilidad de tratar cada uno de estos puntos en profundidad. Diferentes documentos,
preparados especialmente, contienen la información, pero no son de acceso gratuito.
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