H
U
M
O
R
H
U
M
O
R

 

El Arca de Noé venezolana

En aquel tiempo el Señor le habló a Noé Venezolano y le dijo: "Dentro de 6 meses haré llover cuarenta días y cuarenta noches, hasta que toda Venezuela sea cubierta de agua y toda la gente mala sea destruida. Pero quiero salvar a los buenos y a dos criaturas de cada clase viviente en el planeta. Te ordeno construir un arca".
Y entre rayos y centellas le dio las instrucciones de lo que debía hacer, mientras tembloroso Noé Venezolano solo atinaba a decir: "Ok, Señor, Ok".
"Seis meses y comenzara a llover!". "Más te vale tener el arca lista a tiempo, o aprende a nadar por el resto de tu vida".
Pasados los 6 meses, el cielo se nubló de golpe y el diluvio comenzó.
El Señor se asomó entre los negros nubarrones y pudo ver a Noé llorando en el patio de su casa y no vio ningún arca.
-¿Dónde esta el arca, Noé? - preguntó furibundo.
-Perdóname, Señor - suplicó el pobre hombre -, hice lo que pude pero encontré grandes problemas:
Primero, tenia que buscar un permiso de construcción y pagar unos impuestos altísimos para poder sacar los planos.
Después de eso me exigían que el Arca tuviera un sistema de seguridad contra incendios, lo que solo pude arreglar sobornando a un funcionario.
Entretanto, los vecinos se quejaron de que yo estaba construyendo el arca en una zona residencial, y en eso perdí varios meses en visitas inútiles a la Alcaldía.
Mas, el principal problema fue conseguir suficiente madera para fabricar el arca, pues el Ministerio del Ambiente no quiso entender que se trataba de una emergencia, y ordenaron extraer la madera de especies no nativas, y tomarla específicamente, de pinos árabes, - que no se dan en el país- cuando dije que eran órdenes tuyas para salvar a la especie humana y a los animales, me preguntaron si estaba loco o representaba los intereses de una multinacional.
Entonces aparecieron los sindicatos que, apoyados por el Ministerio de Trabajo, me exigían dar empleo a sus carpinteros afiliados.
Mientras tanto, comencé a buscar los animales de cada clase y tropecé con el Ministerio de Salud que me obligó a llenar muchísimos formularios y pagar otros tantos impuestos antes de poner a los animales en cuarentena para poder embarcarlos en el arca.
Obras Públicas, por su parte, pidió un plano de la zona que iba a ser inundada y le envié un mapa de Venezuela. Casi me matan.
Por último, la Policía me hizo un allanamiento, dizque en busca de drogas y me desbarató lo poco que ya había logrado avanzar en la construcción del arca.
El cielo empezó a despejarse. Salió el Sol y un arco iris iluminó el firmamento.
-¿Quiere eso decir, Señor, que ya no vas a destruir a Venezuela?- preguntó al venezolano
-No- respondió una voz entre las nubes -, ya los Adecos y los Copeyanos se encargaron de eso hace cuarenta años...

Gracias Joseline

VOLVER